Tres años respirando Inteligencia Artificial (y descubriendo lo profundamente humano)

Llevo algo más de tres años, por decirlo de algún modo, respirando Inteligencia Artificial. Prácticamente desde que ChatGPT irrumpió en nuestras vidas y nos obligó —a unos con curiosidad, a otros con vértigo— a replantearnos muchas cosas. Desde entonces, la IA dejó de ser para mí un concepto tecnológico para convertirse en un territorio que exigía atención, estudio, pensamiento crítico y, sobre todo, responsabilidad.

En abril de 2023 publiqué mi primer artículo relacionado con la IA, Inteligencia Artificial y ChatGPT como desafío para la humanidad. No lo sabía entonces, pero ese texto marcó el inicio de un camino que ya no tendría vuelta atrás. Desde ese momento, y de forma constante sobre todo en el último año, escribí un artículo a la semana en el blog, intentando comprender qué estaba ocurriendo, qué implicaciones tenía y, sobre todo, cómo podía afectar a las personas, a las empresas y a la sociedad en su conjunto.

Escribir semanalmente no fue una estrategia de contenidos. Fue un ejercicio de disciplina intelectual. Una manera de obligarme a investigar, a contrastar, a leer a quienes sabían más que yo y a traducir esa complejidad en reflexiones comprensibles. Escribir era aprender. Y publicar era compartir ese aprendizaje con quien quisiera acompañarme en el proceso.

A partir del pasado mes de junio di un paso más. Decidí enviar un boletín semanal en el que profundizaba, cada semana, en una temática concreta o en un campo específico que estuviera siendo impactado por la Inteligencia Artificial. Fueron 23 boletines, cada uno con horas de lectura, análisis y reflexión detrás. No buscaba titulares rápidos ni conclusiones simples. Buscaba profundidad. Comprensión. Contexto. Sentido.

Ese esfuerzo, sin embargo, tiene un coste. La IA avanza a una velocidad que, siendo honestos, no siempre es compatible con los ritmos humanos. Mantener ese nivel de profundidad exige tiempo, foco y energía. Y cuando a eso se le suman compromisos profesionales y personales, llega un momento en el que una se da cuenta de que no todo puede sostenerse al mismo ritmo. Aun así, quizás con menos presión, seguiré escribiendo y comunicando en la medida de lo posible, porque pensar y compartir sigue siendo parte esencial de quién soy.

Ya en agosto empecé a intuir algo que con el tiempo se hizo evidente: esto no era una tecnología más. No era una herramienta que se suma a otras. Era —y es— un cambio de era. Un punto de inflexión que nos va a afectar profundamente como individuos y como sociedad. Quise poner palabras a esa intuición en un artículo que sigue siendo, para mí, uno de los más importantes que he escrito: “Frente a la IA, lo humano empieza en la excelencia”.

Porque cuanto más comprendía la IA, más claro tenía que la pregunta clave no era qué puede hacer la tecnología, sino qué vamos a hacer nosotros con ella.

En ese proceso de aprendizaje decidí ir a las fuentes. Profundicé en el pensamiento, las trayectorias y las visiones de los que he creído que son 15 máximos exponentes y pioneros de la Inteligencia Artificial. Personas que están definiendo el presente y el futuro de esta tecnología. De cada uno de ellos preparé un vídeo, no como homenaje, sino como ejercicio de comprensión: entender cómo piensan quienes están construyendo este nuevo mundo.

Muchos de esos contenidos encontraron su espacio en el canal de YouTube Humanismo Digital, que creé hace más de un año y en el que ya se han publicado alrededor de 50 vídeos, todos ellos relacionados con la Inteligencia Artificial, su impacto y sus implicaciones humanas, sociales y éticas. También quise explorar otro formato: el audio. Así nació un podcast en Spotify, con 15 episodios, en el que profundizo en los temas tratados, con un tono más reflexivo, más pausado, más íntimo.

Junto con todo lo anterior, ocurrió algo curioso —y profundamente revelador—: cuanto más profundizaba en la Inteligencia Artificial, más crecía mi interés por lo humano. Por la consciencia, por el conocimiento, por la ética y por la filosofía. La IA no me alejaba de estas preguntas; me empujaba hacia ellas. Me obligaba a pensar qué significa comprender, decidir, crear, ser consciente. Y ese camino me llevó, de forma casi inevitable, a tomar una decisión importante: matricularme en el grado de Filosofía, que actualmente curso, con todo el peso de el estudio y la exigencia que ello conlleva.

Porque entender la IA sin entender al ser humano es, sencillamente, imposible.

Después de tres años inmersa en este proceso, puedo decirlo con claridad: la Inteligencia Artificial no viene a sustituirnos. Viene a desafiarnos. A obligarnos a pensar mejor, a decidir con más conciencia, a elevar el nivel de lo que hacemos. No es una amenaza a nuestra humanidad; es un espejo que la hace más visible.

Por eso sigo creyendo que esta no es una era de máquinas, sino una era de personas ampliadas. Personas que, si quieren, pueden pensar más lejos, crear con más profundidad y asumir la enorme responsabilidad que supone vivir en un momento histórico como este.

Y si tuviera que resumir todo lo aprendido en una sola pregunta, sería esta: ¿Qué versión de ti quieres que la Inteligencia Artificial potencie?

La tecnología puede ofrecerte velocidad, capacidad y nuevas posibilidades. Pero la dirección —siempre— la eliges tú.

Gracias por leer, por acompañarme en este recorrido y por atreverte a mirar de frente este tiempo que nos ha tocado vivir. Para concluir, decirte que el futuro no está escrito y sin duda tú y yo somos una parte esencial de él.

Felices fiestas y 2026, sin duda, será muy interesante y espero que tan productivo como este.

Yolanda Hernández

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