25.000 funcionarios menos: el país que ha puesto cifra y fecha a la IA en la Administración Pública

Países Bajos anunció este lunes que eliminará 25.000 empleos de funcionarios de aquí a 2035, apoyándose en la simplificación normativa y en la Inteligencia Artificial para sostener el servicio con menos manos. Lo contaba Business Insider España y me parece una de las noticias que marca el momento en que la IA en la Administración Pública deja de ser una promesa de modernización para convertirse en una línea concreta del presupuesto. Y eso, nos guste o no el plan, cambia todo lo que viene.

Qué ha anunciado exactamente Países Bajos

El anuncio lo firma Eric van der Burg, secretario de Estado para una Administración Eficaz del nuevo gobierno de Rob Jetten, en una carta remitida al Parlamento el 26 de octubre. El plan, según recoge NL Times, suprime 25.000 puestos a tiempo completo de la Administración central hasta 2035, en torno al 16 % de una plantilla de unos 160.000 funcionarios. El ahorro previsto arranca en 900 millones de euros en 2027 y escala hasta los 3.500 millones anuales en 2035, según detalla Capital.

El reparto no será uniforme. Policía y defensa quedan fuera; el ajuste recaerá sobre ministerios, inspecciones y agencias ejecutoras, y en algunos departamentos la reducción podría alcanzar entre el 45 % y el 60 % de los puestos, según la información de Bloomberg. El contexto explica la urgencia: la plantilla estatal neerlandesa tocó máximos a finales de 2025 —un 41 % más que en 2018—, pese a que varios gobiernos anteriores prometieron contenerla. «No podemos seguir haciendo lo que hemos hecho hasta ahora», resume Van der Burg, que aspira a un gobierno central «más simple, más inteligente y más pequeño».

La IA en la Administración Pública: ¿palanca o coartada?

Aquí viene lo que más me interesa del caso, y lo que casi ningún titular cuenta. Si uno lee la letra pequeña, descubre que la Inteligencia Artificial no es la primera medida del plan sino la última de una cadena que empieza por simplificar. El paquete incluye una Ley de Simplificación para eliminar o aligerar al menos 500 normas al año, una poda de los 176 órganos consultivos y comités asesores, menos dependencia de consultores externos y una reorganización física —un puesto de trabajo por cada dos funcionarios, con edificios que se liberarán para vivienda u hoteles—. Los planes concretos de IA, con sus objetivos de productividad, no se presentarán hasta el primer trimestre de 2027, y el gobierno ya ha avanzado que priorizará proveedores neerlandeses y europeos.

Ese orden no es un detalle sino la lección.

Llevo años repitiendo en empresas y en instituciones que automatizar un proceso absurdo solo consigue procesos absurdos más rápidos. Países Bajos parece haberlo entendido, primero decide qué normas sobran, qué comités no aportan y qué tareas no deberían existir, y solo después pone la tecnología a multiplicar lo que queda. La IA en la Administración Pública funciona exactamente igual que en una pyme, no arregla una organización que no se ha pensado a sí misma. Por eso desconfío de los titulares que presentan este plan como «la IA elimina 25.000 empleos». La IA, aquí, es la palanca. Las decisiones —difíciles, políticas, humanas— las siguen tomando personas.

Lo que el plan dice… y lo que todavía calla

Hay que reconocerle al gobierno neerlandés una honestidad poco frecuente, ya que ha puesto cifras verificables y un calendario largo, ocho años, en lugar de prometer milagros para el próximo trimestre. No habrá congelación general de contrataciones,  cada salida se evaluará caso por caso, porque si se marcha el personal clave, el trabajo se detiene. Es decir, reconocen que el conocimiento no se recorta con tijera lineal.

Pero el plan también calla cosas importantes. No sabemos todavía qué tareas asumirá la IA ni con qué herramientas. No sabemos cómo se acompañará a las personas cuyos puestos desaparecen, ni cuánto se invertirá en recualificarlas. Y no sabemos qué indicadores medirán si el ciudadano recibe un servicio mejor o simplemente más barato. Son exactamente las mismas preguntas que le haría a cualquier comité de dirección que me presentara un proyecto de automatización, porque un plan que solo mide el ahorro acaba ahorrando también en aquello que le daba sentido.

¿Y si esta conversación llegara a España?

Tarde o temprano llegará, y conviene llegar a ella con criterio. Nuestras administraciones —también las canarias— afrontan en la próxima década una oleada de jubilaciones que vaciará mesas enteras de conocimiento acumulado. Ese relevo demográfico es, bien mirado, una oportunidad que Países Bajos no tiene, ya que aquí no haría falta despedir para redimensionar, bastaría con rediseñar los puestos antes de reponerlos, decidir qué tareas debe heredar una persona, cuáles un sistema de IA y cuáles no merecen heredarse.

Y hay otra derivada que afecta directamente a quien me lee desde una pyme, la productividad de la Administración es también la tuya. Cada licencia que tarda meses, cada ventanilla que cierra a las dos, cada trámite duplicado es un coste que pagan los negocios. Una Administración que usa la IA para responder antes, resolver antes y estorbar menos es una de las políticas de competitividad más baratas que existen. Por eso este debate no va solo de funcionarios sino del país que queremos que funcione detrás de cada empresa.

Mi pensamiento de fondo es la de siempre, la tecnología debe estar al servicio de las personas y de las empresas, como herramienta y no como fin. Aplicado a este caso: el éxito del plan neerlandés no se medirá en 2035 por los 3.500 millones ahorrados, sino por si el ciudadano fue mejor atendido y por cómo se trató a las 25.000 personas que están detrás de la cifra. La IA no viene a vaciar las administraciones. Viene a obligarlas a decidir qué es exactamente lo que aportan.

¿Queremos una Administración con menos personas… o una Administración con más valor por persona? Porque la Inteligencia Artificial puede darnos ambas cosas, pero solo una merece llamarse transformación.

Publicaciones Similares