Un titular reciente circula estos días por corrillos y grupos profesionales, también por los míos: «IA se carga a 5.200 informáticos en Canarias». La cifra empieza a asustar y la conversación que despierta es siempre la misma: ¿nos está quitando el trabajo la Inteligencia Artificial? o por el contrario ¿está actuando la Inteligencia Artificial contra la mediocridad? . Es decir un nuevo listón que se está colocando, en silencio, debajo de toda profesión y que conviene entender cómo funciona antes de que nos llegue el momento de que nos mida.
Lo que dicen los datos cuando se miran con lupa
Empecemos por poner el titular en su sitio, porque los datos merecen analizarlos más en profundidad. Las estadísticas de afiliación de la Seguridad Social confirman la caída del sector en Canarias, pero también que no es un fenómeno solo en nuestra región ya que la programación y las telecomunicaciones bajan en todas las comunidades autónomas, en muchas por encima del 10 %. BBVA Research cifra el ajuste en más de 35.000 ocupados menos en España en un año, aunque advierte de que no todo es atribuible a la IA —pesa la resaca de la sobrecontratación pospandemia—, el recorte llega sobre todo por no reponer vacantes y de que el empleo del sector sigue un 36,6 % por encima de 2019.
El dato más revelador está en otro sitio: las ofertas para programadores júnior caen un 33 %, mientras las empresas del sector buscan con urgencia perfiles sénior y los propios analistas concluyen que «la transformación de los empleos es más probable que la sustitución». Organizaciones que recortan por un lado y, por otro, equipos de ingeniería que necesitan duplicarse para atender la demanda que está trayendo la IA, en proyectos que antes ni se atrevían a abarcar. La IA no está borrando profesiones enteras: está borrando tareas. Y, con ellas, a los perfiles que solo hacían esas tareas.
La Inteligencia Artificial contra la mediocridad
Aquí está, creo, el verdadero cambio de era. La mediocridad profesional no es falta de talento, es conformismo. Es hacer sin pensar, tramitar sin responder, repetir el procedimiento sin preguntarse nunca para qué. Durante décadas ese nivel bastaba, porque producir lo básico costaba tiempo y el tiempo se cobraba. Ya no. Lo que ayer entregaba un profesional mediocre, hoy lo genera una máquina en segundos y a coste casi cero. El suelo ha subido, y todo lo que viva a ras de suelo queda automáticamente en evidencia.
Lo noto como clienta, ya no acepto que un asesor me tenga días esperando una respuesta sin justificación, cuando un programa o un modelo de IA me la resuelve al minuto. Si lo único que me aporta es tramitar, la tecnología lo hace mejor y más barato. Si me aporta criterio —interpretar mi caso concreto, anticipar riesgos, responder con su firma de lo que recomienda—, entonces vale más que nunca. La pregunta incómoda que cada profesional debería hacerse no es si la IA hará su trabajo, sino qué parte de su trabajo era, en realidad, pura gestión sin valor añadido. Esa parte ya tiene sustituto.
Cuidado, porque la trampa funciona también al revés, ya que el uso de la IA tampoco es sinónimo de excelencia. Entregar proyectos hechos en un 90 % por una herramienta que no se entiende, confiar a ciegas en cajas negras cuyo funcionamiento —y cuya política de precios— puede cambiar mañana, es otra forma de mediocridad, solo que más moderna. Lo excelente nunca es la herramienta: es cómo la utilizas y cómo consigues que, si antes hacías bien tu trabajo, ahora seas aún mejor profesional o empresa. La IA no regala excelencia, sino amplifica lo que encuentra, al que tiene criterio lo multiplica, y al que no lo tiene lo delata.
La potencia se democratiza; el criterio, no
Dos ejemplos recientes muestran hacia dónde va esto. El primero lo cuenta La Provincia: NandiNurse, una aplicación que simplifica los procesos de atención de enfermería, creada por Esau Dávila, estudiante grancanario de segundo de Enfermería que no había estudiado nada de informática. La construyó ayudado por la Inteligencia Artificial, alimentándola con bibliografía académica y dejando siempre la decisión final en manos del profesional sanitario. El valor de esa herramienta no está en el algoritmo, está en que un enfermero sabía exactamente qué problema había que resolver. La potencia la puso la IA; el criterio lo puso él. Cuando el proyecto crezca necesitará más manos y más oficio — la potencia sin criterio rara vez llega lejos —, pero la primera piedra la ha puesto alguien que hace dos años no habría podido ni soñarlo.
El segundo es Madrid Avisos MCP, un proyecto abierto del desarrollador David Fernández en el que cualquier vecino puede envíar la foto de un contenedor desbordado a su asistente de IA y este prepara y presenta solo el aviso en el formulario del ayuntamiento, con confirmación humana antes de enviarlo. Pensemos un momento en lo que significará cuando los ciudadanos tengan agentes así, a las administraciones —y a las empresas— se les van a ver todas sus miserias. Los tiempos de respuesta, las excusas, los expedientes dormidos. En la era de los agentes, la mediocridad de una organización se eleva a nivel exponencial, porque queda registrada, medida y a la vista de todos. El listón no sube solo para las personas; sube también para las instituciones.
La excelencia como decisión
Hace poco más de un año escribí que frente a la IA, lo humano empieza en la excelencia. Hoy lo matizaría así: la excelencia ha dejado de ser una aspiración para convertirse en el nuevo mínimo viable. Muchas cosas se perderán por el camino —no solo empleos— y otras se ganarán. Los profesionales que vivían de hacer lo justo, en cualquier rama y no solo en la informática, serán los primeros en notarlo; los demás tendremos que reconvertirnos una y otra vez, apoyados en lo que, al menos de momento, no se puede generar, el criterio y la responsabilidad. No es una amenaza. Es, quizás, la mejor noticia laboral en décadas para quien decida tomársela en serio: nunca ha sido tan barato ser excelente, ni ha estado tan caro parecerlo sin serlo.
¿Qué parte de tu trabajo defenderías hoy delante de un cliente con un agente de IA en el bolsillo… y qué parte sabes que ya no se sostiene?