Hay noticias que pasan de puntillas por los titulares y que, sin embargo, marcan un antes y un después. Esta semana se ha producido una de ellas. El Cabildo de Tenerife y el ITER han firmado un acuerdo para impulsar una infraestructura pública de Inteligencia Artificial y supercomputación al servicio de las administraciones de la isla. Y créanme: para quienes llevamos años trabajando por el desarrollo de la Inteligencia Artificial en Canarias, este movimiento tiene mucho más calado del que aparenta.
Porque no hablamos de otro anuncio grandilocuente. Hablamos de infraestructura. De cimientos. De eso que no se ve en las fotos pero que lo sostiene todo.
Qué se ha firmado exactamente (y por qué importa)
Según recoge la noticia publicada este 22 de julio, el Cabildo de Tenerife y el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER) han acordado desarrollar una infraestructura pública de inteligencia artificial y supercomputación orientada a la transformación digital de la isla. El objetivo es concreto: agilizar el funcionamiento de las administraciones públicas, automatizar tareas, mejorar la toma de decisiones mediante el análisis de datos y crear asistentes inteligentes para los servicios públicos.
Hay tres detalles que me parecen especialmente relevantes. El primero: la plataforma será compartida. Estará disponible para el Cabildo, para los ayuntamientos de la isla y para los organismos del sector público, evitando duplicidades. Cuántas veces hemos visto lo contrario —cada institución comprando su propia solución, cada departamento reinventando la rueda— y cuánto dinero público se ha ido por ese desagüe.
El segundo: el acuerdo contempla un programa de formación para los empleados públicos. Esto, que puede parecer un apunte menor, es en realidad la clave de bóveda. La tecnología sin personas capacitadas es un coche sin conductor. Y no me refiero a la conducción autónoma, precisamente.
El tercero: el proyecto se desarrollará con criterios éticos, transparentes y seguros, alineados con la normativa europea, y contará con la colaboración de la Universidad de La Laguna y del Instituto Canario de Estadística (Istac). Tendrá una vigencia inicial de cuatro años y no supondrá costes adicionales para las instituciones firmantes. La presidenta del Cabildo, Rosa Dávila, lo definió como «un paso decisivo» para que Tenerife pueda «liderar el desarrollo responsable de la inteligencia artificial al servicio de las personas».
Al servicio de las personas. Ahí está la frase. Ahí debería estar siempre.
Inteligencia artificial en Tenerife: del anuncio a la infraestructura real
Este acuerdo no llega en el vacío. Forma parte de un movimiento de fondo que está convirtiendo la inteligencia artificial en Tenerife en algo más que una promesa. El pasado mes de junio, el Cabildo, el ITER y la tecnológica Bechtle presentaron el primer gran centro de inteligencia artificial y supercomputación del sur de Europa, con sede técnica en el CPD D-ALiX de Granadilla y sede corporativa en el Parque Científico y Tecnológico de Tenerife.
Las cifras de aquel proyecto hablan por sí solas: una inversión aproximada de 33 millones de euros, nodos de computación con procesadores AMD EPYC y aceleradoras NVIDIA H200, más de 6,7 petabytes de capacidad de almacenamiento y una red de hasta 400 GbE. Y lo que más me importa a mí: un compromiso de empleo que arranca con 25 puestos el primer año y proyecta hasta 200 en el quinto, con contratos indefinidos y un mínimo del 70% de contratación canaria.
Talento de aquí. Oportunidades aquí. Para que nuestros jóvenes no tengan que elegir entre su vocación tecnológica y su tierra.
La Inteligencia Artificial en Canarias necesita músculo público
Tras más de 27 años acompañando a empresas y profesionales en su transformación digital, y si algo he aprendido es que las estrategias que perduran no se construyen sobre modas, sino sobre infraestructuras, datos y personas preparadas. El hype pasa. Los cimientos quedan.
Por eso este acuerdo me parece una señal madura del momento que vive la Inteligencia Artificial en Canarias. Durante años hemos consumido tecnología diseñada en otros lugares, con criterios de otros y datos alojados a miles de kilómetros. Que una administración insular decida dotarse de capacidad propia de computación y de IA —con supervisión académica de la ULL, con el rigor estadístico del Istac, con la normativa europea como marco— es apostar por algo que reivindico constantemente: la soberanía tecnológica con propósito.
¿Significa esto que todo está hecho? En absoluto. Un convenio es un papel hasta que se ejecuta. Los proyectos piloto tendrán que demostrar resultados medibles: menos esperas para el ciudadano, mejores decisiones públicas, servicios más accesibles. La formación tendrá que llegar de verdad a los empleados públicos, no quedarse en un curso testimonial. Y la ética tendrá que practicarse, no solo declararse.
Pero el rumbo es el correcto. Y en estrategia, el rumbo lo es casi todo.
Personas primero: la tecnología como herramienta, no como fin
Me quedo con una reflexión final. Lo verdaderamente transformador de esta noticia no son los petabytes ni los procesadores. Es la intención declarada de poner toda esa potencia al servicio de lo público: de la sanidad que gestiona un cabildo, del padrón de un ayuntamiento pequeño, de la decisión informada de un técnico municipal que hasta ahora trabajaba a ciegas.
La IA no viene a sustituir a nuestras administraciones. Viene a desafiarlas a ser mejores. A ser más ágiles, más transparentes, más humanas en el trato porque las máquinas asumen lo repetitivo. Ese es el humanismo digital en el que creo: tecnología con criterio, con propósito y con responsabilidad.
Canarias tiene ahora una oportunidad que no podemos desaprovechar. Tenerife ha movido ficha; el reto es que este impulso se contagie al resto de las islas y, sobre todo, al tejido empresarial que da vida a nuestra economía.
Y tú, ¿crees que nuestras administraciones están preparadas para convertir esta infraestructura en mejores servicios para las personas?
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