|

Inteligencia Artificial en iRiego: la pyme de un pueblo de 580 habitantes que riega 35.000 hectáreas con datos

Más de cincuenta millones de metros cúbicos de agua pasan cada año por los sistemas de una empresa que nació en Bercianos del Páramo, un pueblo de León de apenas 580 habitantes. El caso de uso de Inteligencia Artificial iRiego que hoy desarrollo me interesa ya que demuestra que la tecnología más avanzada no tiene por qué ser generada por grandes corporaciones, más bien lo que necesita es propósito, también porque toca el recurso que más nos debería preocupar a todos —principalmente a Canarias— el agua.

Qué hace iRiego: gestionar el riego como un servicio, desde la España rural

iRiego New Generation se fundó en 2012, cuando cinco personas del ámbito rural leonés decidieron que los regadíos modernizados necesitaban algo más que tuberías, requerían gestión profesional. Al frente está su gerente y fundador, José Francisco «Paco» Fernández. La idea es sencilla de contar y compleja en su ejecución: las comunidades de regantes han invertido millones en modernizar sus infraestructuras —estaciones de bombeo, hidrantes, telecontrol—, pero operar todo eso a diario, con el agua y la energía cada vez más caras, exige datos, oficio y dedicación. iRiego se ocupa de ello.

Las cifras que publica la propia compañía dibujan su dimensión: más de 35.000 hectáreas gestionadas, más de 20 estaciones de bombeo, más de 3.000 hidrantes, unos 10 millones de kilovatios hora al año y más de 50 millones de metros cúbicos de agua de riego bajo su supervisión. Según La Nueva Crónica, su aplicación RiegoApp —con la que el agricultor controla sus programadores de riego desde el móvil— supera los 2.500 usuarios, y la empresa trabaja con comunidades como la del Páramo Medio de León (4.500 hectáreas) desde 2013 o la del Canal del Páramo (17.000 hectáreas) desde 2018, con delegaciones que hoy llegan a Burgos, Navarra, Cataluña y Andalucía. En temporada alta rozan los 70 empleados, siendo el 98 % de la plantilla procedente de pueblos.

La Inteligencia Artificial en iRiego: satélites, sensores y datos al servicio del agua

¿Dónde entra aquí la Inteligencia Artificial? En septiembre de 2026, la plataforma de agricultura inteligente de iRiego recibió el segundo Premio de Innovación de la feria Salamaq, entre 23 candidaturas. La herramienta centraliza en una sola pantalla —web y móvil— lo que antes estaba disperso o directamente no existía: parcelas georreferenciadas, histórico de riegos, análisis de suelo, planes de abonado e imágenes multiespectrales de satélite con índices que revelan el vigor de las plantas y detectan el estrés hídrico antes de que el ojo humano lo aprecie. Sobre el terreno, sensores IoT miden humedad, temperatura, presión y caudal, y lanzan alertas cuando algo se sale de lo normal. Hay incluso un módulo que anticipa condiciones favorables a plagas y enfermedades.

La capa más reciente se llama ContaReadAI, un proyecto cofinanciado con fondos europeos FEDER dentro del programa de I+D para pymes de Castilla y León: modelos de Inteligencia Artificial que analizan los datos de consumo de agua para hacer análisis predictivo, detectar anomalías y hasta identificar posibles fraudes en el uso del recurso. Su gerente lo resume así: «Implementamos IA sobre todo en temas de ahorro de agua y de control de riegos bien ejecutados». No hay promesas grandilocuentes; hay un recurso escaso, un contador y un modelo que aprende a leerlo.

El contexto da la medida de lo que está en juego. Según recogía El Español este verano, la aplicación de datos e Inteligencia Artificial podría ahorrar hasta un 10 % del agua del regadío español, y algunos proyectos piloto en explotaciones concretas declaran ahorros de entre el 40 % y el 50 %. En un país donde el regadío consume la mayor parte del agua disponible, cada punto porcentual es un embalse.

Resultados y reconocimientos: Pyme del Año

En julio de 2026, iRiego fue elegida Premio Pyme del Año de León, un galardón que convocan la Cámara de Comercio de León junto a la Cámara de España, Diario de León y Banco Santander, y al que se presentaron más de 70 candidaturas, Paco Fernández subió a recoger el premio con un azadón en la mano. Difícil resumir mejor de qué va esta historia: la herramienta más antigua del campo y la más nueva, conviviendo en la misma empresa.

iRiego no entiende la tecnología como un fin, entre sus otros logros está el de reabrir el restaurante de Bercianos del Páramo y repartir comidas a domicilio a los mayores de la zona, además practica una flexibilidad laboral poco habitual en el campo —«Si en seis horas has completado lo que tenías pendiente, puedes irte a casa», explica Fernández— y defiende que la Inteligencia Artificial «abrirá nuevas oportunidades de empleo en las zonas rurales» y que «va a permitir aumentar la facturación de las empresas con el mismo personal». Es decir se trata de no sustituir personas, sino de multiplicar lo que las personas ya saben hacer. Criterio, propósito y responsabilidad, en un sector donde cada gota cuenta.

Infografía del caso de uso de Inteligencia Artificial en iRiego: de un pueblo de 580 habitantes a 35.000 hectáreas regadas con datos
Infografía: Inteligencia Artificial en iRiego. © 2026 yolandahernandez.es

Qué podemos aprender las pymes, también las de Canarias

La primera lección es de método. iRiego no empezó con algoritmos: empezó midiendo. Programadores telecontrolados, sensores, contadores, una app. Años de datos ordenados. Solo cuando esa base existió, la Inteligencia Artificial encontró terreno fértil para predecir consumos y detectar anomalías. Es el mismo patrón que vimos en otros casos de esta serie, y es la pregunta que cualquier pyme debería hacerse antes de contratar nada: ¿qué estoy midiendo hoy de mi negocio?

La segunda lección nos toca de lleno en las islas. Si hay un territorio español donde el agua es oro, es Canarias: galerías, desaladoras, medianías que se abandonan porque regar cuesta más que lo que da la cosecha. Un modelo como el de iRiego —telecontrol, sondas de humedad, imágenes de satélite, predicción de consumos— es perfectamente replicable en nuestras comunidades de regantes, en el plátano, en la viña, en la papa. Y no hablamos de inversiones imposibles: una sonda de humedad, un programador conectado y una plataforma de datos cuestan hoy menos que las pérdidas de una sola campaña mal regada.

Y la tercera es quizá la más profunda: la tecnología puede ser una política de arraigo. Una pyme digital con el 98 % de su plantilla viviendo en pueblos hace más contra la despoblación que muchos planes. En este cambio de era, el talento ya no tiene por qué emigrar para trabajar con datos y con Inteligencia Artificial, puede quedarse a regar lo que de verdad importa, que son los cultivos, sí, pero también la vida de los lugares donde crecen.

El agua que se pierde no avisa. Se va en silencio, gota a gota, igual que se van las horas improductivas, los clientes mal atendidos o la energía mal contratada. La diferencia entre perderla y aprovecharla se llama medición, se llama criterio y, cada vez más, se llama Inteligencia Artificial aplicada con sentido.

¿Qué se está escapando hoy de su negocio gota a gota sin que nadie lo mida… y qué pasaría si esta misma semana empezara a medirlo?

Publicaciones Similares