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Inteligencia Artificial en Fred. Olsen: el tercer oficial que no parpadea

Mucho antes de que existieran el radar y el GPS, en el puente de mando de cualquier barco ya existía un oficio que consistía, única y exclusivamente, en mirar: el del vigía. Es probablemente la tarea más antigua de la navegación y también la más ingrata, porque el mar castiga la atención —el reflejo del sol, la noche cerrada, el cansancio de las horas—. Pues bien, en los barcos que cruzan a diario entre nuestras islas, ese oficio milenario tiene desde hace tres años un compañero nuevo que no se cansa, no se distrae y no parpadea. El caso que analizo hoy, la Inteligencia Artificial en Fred. Olsen, me resulta especialmente cercano ya que ocurre en las aguas canarias, por las que muchos de nosotros navegamos cada semana.

El problema de partida es muy fácil de entender y muy difícil de resolver. Un fast ferry navega a gran velocidad y, a esas velocidades, cada segundo de anticipación cuenta. En su camino puede aparecer un contenedor semihundido, un tronco, una boya suelta, una pequeña embarcación a la deriva… y también fauna marina, porque las aguas canarias son uno de los enclaves de cetáceos más importantes de Europa. De noche, el ojo humano no llega y la atención de una persona, por muy profesional que sea, no puede sostenerse durante horas. La pregunta que se hizo la naviera no fue «¿cómo sustituimos al vigía?», sino otra mucho más inteligente: ¿cómo multiplicamos sus ojos?

Cómo funciona la Inteligencia Artificial en Fred. Olsen

En el verano de 2023, Fred. Olsen Express instaló en su trimarán Bajamar Express un sistema de detección temprana de objetos en superficie, convirtiéndose —según recoge la prensa especializada — en la primera naviera del mundo en llevar esta tecnología a un ferry rápido de pasajeros. La solución elegida fue el sistema de la empresa SEA.AI, especializada en visión artificial marítima, integrado a bordo con la colaboración de la tecnológica Aeromarine.

El equipo combina dos cámaras diurnas de alta resolución y dos cámaras térmicas capaces de apreciar diferencias de temperatura de apenas 0,05 grados, estabilizadas para compensar el movimiento del buque. La Inteligencia Artificial compara lo que ven esas cámaras con una base de datos propia de firmas visuales y térmicas de objetos marinos, y todo el procesamiento se hace a bordo, sin depender de internet. Los alcances dan idea de lo que aporta: detecta buques sin señal AIS hasta 7,5 kilómetros, embarcaciones pequeñas a unos 3 kilómetros y objetos flotantes como boyas o restos a unos 700 metros. Cuando identifica algo, lanza una alerta al puente con avisos codificados por colores según la trayectoria. Como explicó Iván Fernández, jefe del departamento técnico de la naviera, en la nota oficial de la compañía: con esta tecnología es como si tuvieran «un tercer oficial vigilando permanentemente la proa».En este caso,  la IA no sustituyó al vigía: le sumó un compañero incansable.

Del piloto a toda la flota: implantar con criterio

Fred. Olsen instaló el sistema en un único buque en 2023, lo sometió a un año de pruebas reales y no comunicó el proyecto hasta agosto de 2024, cuando ya tenía evidencias, como recogieron medios como Atlántico Hoy. Después llegó la decisión de escalar: en junio de 2025, coincidiendo con el Día Mundial de los Océanos, la compañía anunció la ampliación del sistema de detección temprana a toda su flota, y en 2025 lo reforzó incorporando radar de banda X para mejorar la detección de cetáceos. Por el camino, el proyecto recibió el premio de innovación opPORTunity 2024.

Piloto acotado, medición honesta, escalado posterior. Buena metodología para cualquier empresa, tenga ocho barcos o una furgoneta.

Los resultados: seguridad, cetáceos y 700.000 datos al día

El primer resultado es el obvio: más seguridad para pasajeros y tripulaciones, con un sistema que vigila la proa las veinticuatro horas. Pero hay un segundo resultado que casi nadie ve y que, en mi opinión, vale tanto como el primero: los datos. Cada avistamiento de fauna marina queda registrado en la plataforma Fred. Olsen Vigía, que informa en tiempo real a toda la flota de la presencia de cetáceos y que ha sido premiada por el Cabildo de Tenerife como Práctica Turística Sostenible. La detección temprana ya no es solo un escudo, es un sensor científico navegando varias veces al día entre islas.

Y el contexto lo confirma: según el balance ambiental que la naviera presentó en marzo de 2026, la compañía analiza ya unos 700.000 datos diarios procedentes de sus buques y de sus operaciones en tierra, dentro de un programa con más de 90 iniciativas de innovación y sostenibilidad que incluye desde la asistencia al atraque con tecnología LiDAR, validada en el puerto de Agaete, hasta la reducción de la iluminación nocturna para proteger a las pardelas. La cámara térmica no es un gadget aislado: es una pieza de una cultura del dato que lleva años construyéndose.

Infografía del caso de Inteligencia Artificial en Fred. Olsen: el tercer oficial que no parpadea
Infografía: Inteligencia Artificial en Fred. Olsen Express. © 2026 yolandahernandez.es

Qué podemos aprender las pymes (aunque no tengamos barco)

Sé lo que puedes estar pensando: «yo no tengo un trimarán». Yo tampoco. Pero este caso enseña tres cosas que se aplican a cualquier negocio, también al más pequeño. La primera: la IA rinde al máximo en las tareas de atención sostenida, esas que una persona hace bien diez minutos y mal a la tercera hora. Vigilar una proa, sí, pero también revisar estanterías, inspeccionar piezas en un taller, repasar facturas buscando errores o leer cada reseña y cada correo que entra. Pregúntate cuál es la «proa» de tu negocio, aquello que habría que mirar siempre y nadie puede sostenerlo en el tiempo.

La segunda: la visión artificial ha dejado de ser tecnología de multinacional. Hoy una cámara conectada a un servicio de visión por ordenador —los hay desde decenas de euros al mes— permite a un comercio detectar huecos en el lineal, a una clínica digitalizar documentos o a una pequeña industria encontrar defectos de fabricación. La tercera es de método, no de tecnología: un solo proceso, un piloto, evidencias y después escalar. Fred. Olsen tardó casi dos años en pasar de un buque a toda la flota, y esa paciencia es precisamente lo que separa los proyectos que perduran de los experimentos que se apagan.

Hay, además, una lección de propósito que me parece la más valiosa de todas. Esta naviera no compró Inteligencia Artificial para recortar tripulaciones, sino para proteger vidas humanas y fauna marina, y de paso construyó un activo de datos único sobre nuestras aguas. Cuando el propósito es claro, la tecnología encuentra su sitio sin fricciones y las personas la adoptan sin miedo. La excelencia no consiste en tener más algoritmos que nadie, sino en saber exactamente para qué los quieres.

El vigía lleva siglos en el puente y va a seguir ahí, porque la decisión de maniobrar sigue siendo suya: el criterio no se delega. Lo que ha cambiado es que ahora alguien le avisa de lo que el ojo humano no alcanza a ver. Ojalá cada empresa canaria —y cada pyme de cualquier lugar— encuentre su propio tercer oficial. ¿Qué es eso que en tu negocio habría que vigilar las veinticuatro horas y que nadie, humanamente, puede vigilar las veinticuatro horas?

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