El 27 de agosto de 2026 Cisco publica que había puesto un agente de Inteligencia Artificial personal a disposición de cada una de sus 90.000 empleados. Estos tienen un asistente con memoria, acceso a las herramientas internas y permiso para ejecutar tareas, siempre eso si, bajo supervisión y objetivo puesto por humanos. Este caso de la Inteligencia Artificial en Cisco merece un análisis, porque trae dos historias contrapuestas, una, la del despliegue de agentes más ambicioso que conozco dentro de una plantilla de trabajo y dos, la de una cara B que nos obliga a hablar de personas, de criterio y de responsabilidad.
Qué ha hecho Cisco: un agente propio para cada empleado
La herramienta se llama MyAgent y Cisco la presentó en su blog oficial como el paso siguiente a la conversación con la IA, en este caso ya no se trata de preguntar y copiar la respuesta, sino de delegar objetivos completos y dejar que el sistema coordine los pasos. El empleado define qué necesita y el agente trabaja en segundo plano, recordando además sus preferencias y su historial. Lo que Cisco llama «supervised autonomous execution», ejecución autónoma supervisada.
Thimaya Subaiya, vicepresidente ejecutivo de Operaciones, lo anunciaba: «MyAgent nos lleva más allá de la interacción basada en chat, hacia flujos de trabajo autónomos supervisados». El despliegue, recogido también por medios especializados como PYMNTS, alcanza, como ya comenté en el primer párrafo, a la totalidad de la plantilla, es decir unos 90.000 empleados con su propio agente.
Cómo se ha implantado la Inteligencia Artificial en Cisco: primero la plataforma, después los agentes
MyAgent no nació de un día para otro, sino que se apoya en Circuit, plataforma interna de IA que Cisco lleva construyendo desde 2024 y que ha sido la evolución de una herramienta anterior llamada Bridge IT. Funciona como una capa segura, gobernada y digamos que escéptica con respecto al modelo, ya que por debajo conviven modelos de OpenAI vía Azure, Claude de Anthropic, Gemini de Google, así como modelos propios, siendo la plataforma y no el empleado, la que decide en cada momento cuál resulta más eficiente para cada tarea. El usuario ni lo ve ni lo necesita ver.
Esa arquitectura convierte lo que en muchas empresas es una colección de suscripciones sueltas en una infraestructura corporativa de IA con gobernanza, seguridad y control de costes desde el diseño.
¿Para qué se está usando por parte del empleado? Fortune daba hace algunos meses algunos ejemplos básicos, como por ejemplo, consultar cuántos días de vacaciones quedan sin abrir un expediente con Recursos Humanos, redactar un correo al responsable avisando de una ausencia, acompañar el onboarding o incorporación de las 10.000 candidatos aceptados que Cisco gestiona cada año. Kelly Jones, su directora de Personal, comentaba: «Si a una empresa de más de 86.000 empleados, le devuelves el 5 % de su tiempo, lo que pueden hacer con ese tiempo es exponencial».
Los resultados: un 350 % más de trabajo agéntico… aunque también una cara B
Los primeros datos apuntan a que las interacciones agénticas dentro de la compañía crecieron casi un 350 % de un trimestre a otro, lo que indudablemente refleja que resuelve problemas reales.
No obstante, este caso tiene una cara B, y quiero reflejar los casos de uso lo más transparentes posibles, según la información que he podido analizar. En mayo de 2026, meses antes de este despliegue, Cisco anunció un recorte de unos 4.000 puestos —en torno al 5 % de su plantilla— en una reestructuración orientada precisamente a la IA, y lo hizo en pleno crecimiento de ingresos, lo que quiere decir, que la misma tecnología que devuelve tiempo a 90.000 empleados, también acompañó a la salida a 4.000.
Las dos cosas son verdad a la vez.

Qué podemos aprender en Canarias y en cualquier pyme
Como siempre, intuyo lo que puede estar pensando quien me lee desde una empresa de diez o cincuenta personas: «esto es Cisco, yo no tengo 90.000 empleados ni una plataforma propia». Muy cierto, pero aún así cada caso nos deja lecciones que también puede escalara hacia abajo.
La primera: la ventaja no estaba en el agente, estaba en la plataforma. Cisco pudo desplegar MyAgent en toda su plantilla porque llevaba dos años ordenando datos, accesos, seguridad y gobernanza. En versión pyme, eso se traduce en algo muy concreto, antes de comprar «agentes», decide qué información puede tocar la IA, con qué reglas, con qué supervisión y quién responde de ella.
La segunda: la ejecución autónoma supervisada es el punto medio más sensato, la máquina ejecuta, conforme al objetivo que define la persona, revisando siempre su correcta ejecución a posteriori. Ese reparto de papeles cabe en cualquier negocio, tenga el tamaño que tenga.
Y la tercera es la que de verdad importa: el 5 % del tiempo recuperado no es un resultado, es una decisión que debemos establecer como pendiente. Ese tiempo puede convertirse en mejor servicio, en formación, en pensar o también puede convertirse, en menos nóminas. La tecnología no elige entre esas opciones, si lo hacen los comités de dirección y las personas.
La reflexión de fondo
Defiendo a capa y espada que la pregunta importante no es «¿qué sabe hacer la herramienta?», sino «¿para qué la queremos nosotros?». En el caso de Cisco se demuestra por partida doble, dado que su acierto técnico, plataforma, gobernanza, supervisión, convive con la pregunta ética que su propia reestructuración deja abierta. La IA no viene a quitarnos el trabajo ni a salvarlo. Viene a poner a prueba el propósito de quien la dirige, con cada decisión sobre qué hacemos con el tiempo, y con las personas, que la tecnología libera.
Si mañana cada persona de tu equipo tuviera su propio agente de IA, ¿tienes ya decidido en qué se convertirá el tiempo que le devuelva?